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domingo, 29 de abril de 2018

Sin tiempo ni nada que contar

No me prodigo mucho por aquí, pero el tiempo no me sobra y cuando lo tengo no abundan las cosas que contar. Hoy estaba en esta tesitura y me he decidido a enumerar lo que no tengo que decir, porque básicamente todo sigue igual.

En el trabajo seguimos igual, que no es poco. La ventaja de haber estado mal, laboralmente hablando, es que valoras más lo que tienes aunque no sea gran cosa; sin embargo sirve para ganarse la vida sin grandes disgustos y, qué narices, en el fondo me gusta lo que hago.

Hace unas semanas estuve viendo unos pisos en venta en el bloque de al lado de mi casa y me quedé asustado del precio. Si no me puedo permitir comprar un piso en condiciones en un pueblo de mala muerte como éste, en el que la población no aumenta, me temo que me quedan dos alternativas: que mi casero no me suba en alquiler o buscar un puente bueno, bonito y barato en el que pueda alojarme en el futuro si la primera opción se desvancece.

En el terreno personal, uno de los motivos que me han robado bastante tiempo es que tuve un amago de relación que al final quedó en nada. Total, que al acabar con ello, me sumergí en un estado de asexualidad total del que todavía no he salido. Tampoco es que la actividad gay de estas tierras rurales de Dios ayude mucho a salir de ella. Por fortuna, ya está cerca el verano que, espero, ayude a romper esta rutina... Y, si no, escribiré más en el blog.

Pseudoalucionación parasitaria de hoy: Pasa el tiempo - Celtas Cortos.

jueves, 10 de agosto de 2017

El verano sin vacaciones...

A lo tonto, estamos casi en el ecuador del verano. En menos de una semana empiezan las fiestas patronales de media España, incluido el pueblo desde el que yo escribo (y que no voy a oler porque no me atraen especialmente, a excepción de los fuegos artificiales que se ven desde mi ventana).

Este verano, por problemas presupuestarios, no he hecho un viaje vacacional como tal (aunque lo hice en primavera) pero no puedo decir que me haya aburrido especialmente. Un par de fines de semana en la playa, otros dos en la montaña, salidas y quedadas varias...

Sin embargo, veo que todos mis planes de ocio pasan por salir fuera del pueblo y a veces me pregunto si realmente he elegido bien el lugar de residencia. No tengo ningún amigo viviendo aquí, sino en pueblos cercanos, y muchos de ellos ya han emigrado en busca de oportunidades laborales que aquí no se les presentaban. Tampoco participo en los eventos y ceremonias locales, más allá de intentar realizar mis compras en el comercio local, por una cuestión de conciencia.

Dejando a un lado el coste de la vivienda, analizo la situación y veo que la respuesta es que sí. Hay un motivo: este lugar queda cerca de todo para poder desconectar de la rutina un fin de semana. Busco otros lugares con mayores alternativas en ciertas áreas y siempre hay algo que echaría en falta.

Sobre el tema ligoteo, ya no enciendo las aplicaciones porque el tema es deprimente. Nadie da la cara (¿casados tal vez?) y los que la dan ya son siempre los mismos. Aparte, uno no puede hacerse 40 km para calmar el calentón del salido de turno, que tengo vida más allá de apagar fuegos como si fuera un bombero. Es por eso que aquí me he instalado en la "casi abstinencia".

Supongo que en ciudades grandes tendría un abanico más grande en ese aspecto, pero seguro que al final necesitaría desconectar un fin de semana o puente... Al igual que otros tantos cientos de miles de vecinos que acabaríamos colapsando las carreteras o estaciones de tren... Y ahora tengo mecas gay a menos de cuatro horas en coche.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: This piece of Earth - West of Eden.

viernes, 22 de julio de 2016

Reflexiones vacacionales 2

Una vez pasado el trance con el mendigo del cajero y el día de playa, monté el tinglado en el camping por la noche y, al día siguiente después de desayunar y organizar un poco limpieza y comidas, me dirigí a la la playa. El camping tiene un ambiente bastante familiar, con una playa grande a dos pasos que no está excesivamente masificada, pero a mí me gusta ir a una cala más salvaje, rodeada de un pinar protegido y sin construcciones alrededor.

Como ya había comentado en la anterior entrada, en dicha playa se practica el nudismo, aunque hay gente con bañador. El ambiente en dicha playa era bastante heterogéneo: hombres, mujeres, niños, gente sola, familias, etc. Sin embargo, mi radar también saltó unas cuantas veces, aunque no esté ni de lejos tan evolucionado como el del mendigo.

La primera fue cuando llegaron dos chicos y una chica que se sentaron a mi lado. En cuanto los vi a ellos dos con la ropa conjuntada y las gafas de sol a juego, no me quedó duda que el verso suelto de los tres era ella. Luego ya, al tenerlos a mi lado y escuchar la conversación, se confirmaron mis sospechas.

La segunda es cuando vi a dos chicos practicando nudismo y bañarse muy juntos. No quiere decir nada, pero a mis amigos heteros "de mariconadas las justas" no los veo yo metidos en el agua en pelota picada y así de juntitos.

A lo largo de los días vi alguna pareja más, lo que me llevó a mis habituales comeduras de cabeza. Igual hubiera estado bien intentar conocer a alguien o quedar a través de alguna aplicación para pasar el día, pero me eché para atrás.

La principal razón es que, ahora quedo habitualmente con otra persona cerca de donde vivo. No es que se pueda decir que tenga una relación seria, pero es cierto que tenemos algo más que sexo. Hablamos de muchas cosas, pero nunca hemos hablado abiertamente de qué si estamos o no estamos con otra gente. En mi caso no ha sido así, porque no he tenido necesidad hasta que estuve en la playa varios días solo. Si por su parte no ha sido así, no tengo nada que reprocharle, no soy particularmente posesivo.

Eso me produce una inseguridad tremenda, porque no sé en qué punto las cosas pasan a ser una infidelidad o bien se sigue el principio "Don't ask, don't tell". En cualquier caso, yo prefiero ir sobre seguro pero a veces pienso que por un principio de fidelidad estúpido me estoy perdiendo cosas, más aún cuando igual hasta me vienen bien para quitarme ese carácter apocado y tímido que llevo encima.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Nothing Left to Lose - The Alan Parsons Project.

miércoles, 9 de marzo de 2016

A pedir de boca

Hace unos días daba de bruces con este artículo, que me pareció bastante interesante pero a su vez aterrador, no tanto por el VIH sino por las otras enfermedades que ya se creían erradicadas y están volviendo con preocupante fuerza, incluso algunas de ellas sin cura. Hoy en día no creo que a casi nadie (digo casi) le suene nuevo que la mejor forma de prevenirlas sea el condón. Sin embargo, hay un punto que no deja de inquietarme en todo esto: el sexo oral.

Porque, así como la penetración en la mayoría de los casos se hace con condón, veo que generalmente a la gente no le gusta "chupar un trozo de goma". Indagando por internet, se ve que, en general, es una práctica con menos riesgo que la primera, pero la información que existe es bastante confusa. Por otro lado, no es algo de lo que se pueda ir hablando con cualquiera alegremente, la verdad.

Y, la verdad, uno no sabe a lo qué atenerse en este aspecto. Ya se ve que es una práctica que entraña menos riesgo que otras, pero a veces me da la sensación de que igual no existe tanta concienciación. ¿O es que yo soy demasiado hipocondríaco o paranoico?

Soy un mar de dudas.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Cuando vuelva a tu lado, cállate - El Sobrino del Diablo.