Mostrando entradas con la etiqueta trabajo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trabajo. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de agosto de 2018

Tiempos

Los que habéis seguido el blog desde el principio sabréis de mis problemas laborales, que se acabaron hace ya casi tres años. Desde entonces, por fin he encontrado una dirección que me gusta y que me apetece seguir. Me ha costado pero por fin me voy centrando. Además, soy una persona con grandes inercias. Me cuesta decidirme en hacer cosas pero una vez que lo hago voy a por ello y me cuesta cambiar de dirección. Es por ello que cuando aparece una persona en mi vida no soy de los que le da la vuelta de arriba a abajo en un instante.

Hace unos meses conocí a una persona con la que estuve saliendo unos tres meses. Desde el principio lo definimos como una relación seria. Sin embargo, me costó encajar el estar con él con el resto de mi vida, lo que me llevó a momentos de agobio. Además, como he comentado antes, tengo planes de futuro que no acababan de encajar con esta otra persona. No quita que luego puedan cambiar, ir encajando poco a poco, pero pararlos o modificarlos de repente no me entusiasma mucho, ya que si la relación no funciona parece que te pasas la vida sin seguir una dirección, sino que vas dando tumbos. Eso no me gusta; ya he pasado por ello y pasado es, no quiero que vuelva.

El caso es que vio que no congeniábamos y decidió dejar la relación, cosa a la que yo no puse objeción dado mi agobio y, para evitar parecer que reprochaba algo, no pedí muchas explicaciones. Decidimos mantener la amistad, y en algún momento él tuvo la sensación de que se había equivocado, pero luego ya se dio cuenta que no. A mí también me surgieron dudas, pero quizás me doy más tiempo para tomar mis decisiones y de puertas afuera da la sensación de que no.

Es por eso que me da la sensación de que necesito unos tiempos mucho más grandes que otras personas. No soy de flechazos instantáneos y a priori no puedo ofrecer un plan de vida de buenas a primeras. Así que llevaba un tiempo pensando que me voy a quedar vistiendo santos o adoptando gatos el resto de mi vida.

Sin embargo, en los dos días playeros que pasé la semana pasada conocí a otra persona con una vída y una filosofía muy similar a la mía, lo que me hizo ver que no soy tan bicho raro como pensaba y eso me reconfortó un poco.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Only your best friend - Krisenka Finley.

domingo, 29 de abril de 2018

Sin tiempo ni nada que contar

No me prodigo mucho por aquí, pero el tiempo no me sobra y cuando lo tengo no abundan las cosas que contar. Hoy estaba en esta tesitura y me he decidido a enumerar lo que no tengo que decir, porque básicamente todo sigue igual.

En el trabajo seguimos igual, que no es poco. La ventaja de haber estado mal, laboralmente hablando, es que valoras más lo que tienes aunque no sea gran cosa; sin embargo sirve para ganarse la vida sin grandes disgustos y, qué narices, en el fondo me gusta lo que hago.

Hace unas semanas estuve viendo unos pisos en venta en el bloque de al lado de mi casa y me quedé asustado del precio. Si no me puedo permitir comprar un piso en condiciones en un pueblo de mala muerte como éste, en el que la población no aumenta, me temo que me quedan dos alternativas: que mi casero no me suba en alquiler o buscar un puente bueno, bonito y barato en el que pueda alojarme en el futuro si la primera opción se desvancece.

En el terreno personal, uno de los motivos que me han robado bastante tiempo es que tuve un amago de relación que al final quedó en nada. Total, que al acabar con ello, me sumergí en un estado de asexualidad total del que todavía no he salido. Tampoco es que la actividad gay de estas tierras rurales de Dios ayude mucho a salir de ella. Por fortuna, ya está cerca el verano que, espero, ayude a romper esta rutina... Y, si no, escribiré más en el blog.

Pseudoalucionación parasitaria de hoy: Pasa el tiempo - Celtas Cortos.

domingo, 28 de enero de 2018

Dolores

En este mundo todos estamos de paso. A los que nos gusta la música llevamos toda la vida viendo morir a estrellas del rock. En gran parte debido a las consecuencias de las drogas, la gente de este gremio tiende a morir relativamente joven cuando no en la cúspide de su carrera. Sin embargo, la muerte de Dolores O'Riordan me ha marcado como nadie antes lo había hecho, ya que su música me ha ido acompañando durante casi veinticinco años.

Allá por los compienzos del año 95 (quince años contaba yo por entonces), mi primo se acababa de comprar su primer reproductor de CDs (que yo miraba con envidia mientras yo andaba todavía con cassettes) y me grabó una cinta de un grupo irlandés que estaba pegando muy fuerte con la canción Zombie (¿nadie se acuerda de las remezclas chunda-chunda que se llevaban por entonces y de la que este tema fue una de sus principales víctimas?).

No fue una cinta que me entusiasmase especialmente. La escuché unas pocas veces y la arrinconé. Pero ese mismo verano de vacaciones en un camping, sonó de nuevo el tema que seguía a Zombie en el disco:


En cuanto llegué a casa, volví a darle una segunda oportunidad a la cinta. En mi época de instituto no tenía apenas amigos. Salía de casa para ir al instituto y poco más, mi tiempo libre pasó entre revistas de coches, la televisión y la música que escuchaba... y el "No Need to Argue" me acompañó hasta la saciedad, siendo de los pocos recuerdos buenos que guardo de entonces.

Antes de cansarme de este álbum, los de Limerick sacaron otro nuevo. se decía que era muy oscuro y que no estaba al nivel de los anteriores. Da igual, a mí me gusto casi lo mismo. De todas las canciones que tiene, me voy a quedar con ésta:


Pasó el tiempo sin que se supiese nada de ellos. Yo ya había acabado el instituto y me había marchado a Madrid a estudiar la carrera. Esta ciudad me ofrecía infinidad de alternativas de ocio que en mi pueblo no se presentaban si no era con la posesión de coche, cosa de la que carecía por entonces. Una de ellas fue el poder verlos en la sala La Riviera en 1999, cuando presentaron su cuarto disco:


Por entonces me hice con su primer disco, que era el que me faltaba para competar la colección. Con este disco me pasó lo mismo que con el anterior: no fue amor a primera vista, sino que se fue ganando mi cariño con el tiempo.


Años después llegó "Wake up and Smell the Coffee". No estaba mal, pero los anteriores habían puesto el listón muy alto como para no recordar dónde o qué estaba haciendo en el momento en que salió.


Entonces acabé la carrera y me puse a trabajar en diferentes países del mundo. En 2007, estando en la habitación de un hotel en el sur de Italia, sonó una voz muy reconocible en un canal de vídeos musicales, de la que no había escuchado nada nuevo desde hacía bastante tiempo.


La crítica desplellejó este álbum, pero para mí fue amor a primera vista. Si no me marcó más es porque por entonces hubo otra canción que consiguió (y consigue) ponerme la carne de gallina.

Dolores editó otro disco en solitario y los Cranberries se volvieron a juntar y editar un nuevo LP, que no llamaron mucho mi atención. Igual debería darles una segunda oportunidad, visto lo que me pasó con los dos primeros trabajos del grupo.

El 15 de enero de este año estaba sentado en una máquina del gimnasio cuando unas imágenes del vídeo de Zombie salieron en la televisión sin sonido que tienen en una pared. Entonces, los subtítulos anunciaron la muerte de Dolores O'Riordan. Al poco, salió la dueña hablando del tema y puso esta canción a sonar:


Entonces se me hizo un nudo en la garganta, ya que recordaba perfectamente dónde estaba en el verano del año 99 y qué hacía mientras escuchaba esta canción.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Shattered - The Cranberries (por razones obvias).

jueves, 23 de junio de 2016

Partida

Los (pocos) lectores habituales de este blog habréis imaginado que no he tenido mucho tiempo de escribir estos dos meses. El trabajo, la casa y otros proyectos que tenía parados a la espera de trabajo me han tenido bastante ocupado.

Precisamente, por el trabajo (o la falta de este), llevo notando un tiempo un fenómeno que, si bien en otras latitudes ha sido más habitual durante décadas, aquí es relativamente reciente: la emigración.

Es cierto que esta zona no ha sido una de las más castigadas por el desempleo, pero la falta de expectativas hace que se exiga una movilidad mayor, que en el caso de las grandes ciudades no es tan acusado, sin embargo aquí ha hecho que gran parte de mi grupo de amigos hayan tenido que irse a trabajar a cientos de kilómetros, y que de los que quedamos aquí, yo tengo el puesto de trabajo más cercano a mi domicilio y son 25 km. es decir, nadie trabaja en la localidad de residencia. Todos fuera.
Es triste ver como tu pueblo se vacía, ver que tus amigos se van. No me preocupa el quedarme solo (el grupo ha quedado bastante reducido), ya que todo el tiempo que pasé fuera me ha hecho desarrollar recursos para tirar para adelante. Sin embargo, cuando regreso a mi localidad natal se me cae la moral al suelo.

Esa ciudad es poco más grande que mi pueblo. Casi toda mi familia vivía ahí, pero entre que mis abuelos se murieron, tíos a los que les he perdido la pista y que ninguno de los primos ya vivimos allí, ya sólo voy a visitar a una tía con la que tengo una relación muy cercana. El caso es que, con el ajetreo que llevo, llevaba bastante tiempo sin ir a verla.

Fue el que llevaba tiempo sin ir, que ese sitio lleva buenos recuerdos (quizás de los mejores) de mi infancia, junto el ver las calles medio vacías un domingo por la tarde, hizo que se me quedara mal sabor de boca. Al caer la noche, entramos a un bar a cenar un bocadillo y pusieron el "Shape of my Heart" de Sting, canción melancólica donde las haya.

Los días posteriores, cada vez que escuchaba esa canción, me entraba una sensación de tristeza y melancolía como hacía tiempo que no experimentaba.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Shape of my Heart - Sting.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Inconvenientes de no vivir engañado

Como ya he comentado en alguna ocasión, mi cabeza desarrolló mecanismos para negar que me gustaban los hombres, como confundir la atracción por envidia. El problema es que, una vez que ya me quité las anteojeras y fui capaz de llamar a las cosas por su nombre, las respuestas del cuerpo se han acentuado y eso, a veces, puede causar situaciones incómodas.

Pongámonos en situación: busqueda de trabajo. Como otras muchas veces, te llama una persona a través de una oferta que ha publicado y a la que has mandado el currículum. Una vez pasas la criba, pasas a hablar con el responsable del área en cuestión con el que haces una entrevista telefónica y quedas para verte en persona más adelante en las instalaciones de la empresa.

Cuál es la sorpresa, que cuando llamo a la puerta sale la persona en cuestión: estatura media-alta, buen cuerpo, trajeado, bien peinado, barbita de varios días y unos ojos azules que quitan el hipo. Esas cosas no deberían verse así de repente, porque pasé un rato muy incómodo en una de las situaciones en las que más debes cuidar la imagen que das.

Por fortuna, la cosa acabó bien (y cuando digo bien no me refiero a cómo acaban las entrevistas en esas páginas web que una vez visitadas obligan a borrar el historial del navegador), pero no dejo de pensar en que antes esas cosas eran más sencillas y atenuadas. Más aún, lo he vuelto a ver más días y las incomodidades ha desaparecido.

De todas formas, más me vale ir aumentando el nivel de bromuro en mi dieta porque a partir de ahora y si nada se tuerce, va a ser mi jefe.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Magic man - Heart.

jueves, 11 de junio de 2015

Provisionalidad a través de los visillos

En mi día a día intento no estar pensando en tristezas. No compensa estar todo el día quejándose y lamentándose de lo miserable que es la vida de uno. Sin embargo, hay veces que de la manera más tonta viene el bajón. Pequeñas circunstancias, cosas sin imprtancia que, sin querer, traen otras cosas en las que pensar y disgustarse.

Desde que mis padres se jubliaron, poco a poco han ido reformando la casa. Han aprovechado ahora que tienen salud y así ya la dejan bien para el tiempo que haga falta. Falta la cocina, que se hará dentro de unos meses y mi habitación. Está igual que hace veinte años en los que sólo he cambiado el colchón, las puertas del armario empotrado y el parquet flotante que había que cambiarlo con toda la casa. He estado muchos años fuera, pero siempre ha sido mi habitación y nunca se le ha dado otro uso. La idea es tirar los muebles más viejos (dos armarios y una eatantería de más de 30 años) el día que me vaya definitivamente y vacíe el cuarto.

El otro día mi madre cambió los visillos de las ventanas. Puso unos enrollables en las ventanas de los cuartos que más se usan y unas fijas con velcro en las que menos: el cuarto de la plancha, la ventana trasera del salón, el cuarto de mi hermano (que no se usa mucho)... Y el mío. Total, para el tiempo que voy a estar aquí no compensa poner de los otros.

Debido a que estoy en un proceso de selección para ir a trabajar al quinto pino, estoy especialmente sensible a estas cosas. Cierto es que me apetece emanciparme, pero no me hace especial ilusión cambiar de país y empezar a ver a la familia y amigos una vez al año deprisa, corriendo y mal, pero las alternativas no abundan y si hay que irse, uno se va.

El caso es que llevo viendo dos días viendo los dichosos visillos y se me pone un nudo en la garganta. Mi madre se ha dado cuenta que no me gustan y estaba ilusionada con ellos. Me siento culpable por ser así, pero son como un cruel recordatorio a la creciente provisionalidad de mi vida, cuando debería haber sido al revés.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: No sabe a dónde va - Amaral.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Timidez

Estaba viendo esta mañana en la televisión la intervención de una parlamentaria andaluza. No me he quedado con el mensaje, ni voy a entrar en si me parece bien o no. Me ha llamado la atención una cosa: era terriblemente tímida. Y no acaba ahí la cosa, ya que los diputados de los grupos contrarios, aprovechando eso, le obsequiaban lindezas como "Callate Bonita" o "No tienes ni puta idea". Todo un ejemplo de educación en personas que, dada su posición, deberían llevarla por bandera.

Y es que en un mundo de lobos como éste no se puede ser tímido. No basta con que no te dejes ver o que pierdas según que oportunidades en todos los aspectos de la vida; es que siempre está el típico gracioso que tiene que atacarte. Y no es cosa que sólo pase en la escuela, es sorprendente la cantidad de adultos que van de saltacharcas por la vida.

Pero todo el mundo tiene un límite y cuando se tensa mucho la cuerda se rompe. Si se ha dejado tensar poco el latigazo será leve. Si se ha tensado mucho, puedes salir disparado. Y eso me ha pasado un par de veces en el trabajo. Aguantas, aguantas, aguantas hasta que saltas y acaba todo como el Rosario de la Aurora.

Hace unos años me pasó con un compañero de trabajo. Aparte de que era imposible trabajar con él era un desprecio continuo hacia mí. Aunque no suelo dejar que me pisen pero prefiero callarme antes de rebajarme a su nivel. Hasta que estallé y delante de todos los jefes lo mandé a la mierda y estuve sin hablarle durante tres meses.

Luego están los que miraron para otro lado. Me parece entendible que no quieran entrar al trapo, pero luego me vienen reprochando que no me comunico. Y ahí es cuando quedan mal, dando la impresión de que intentan lavar su sensación de culpa. Porque encima estaban enterados de todo y nadie hizo nada hasta que salta toda la mierda.

Pero, al final, lo tengo claro: antes tímido que saltacharcas.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: How soon is now? - The Smiths.


miércoles, 15 de abril de 2015

Referentes, discusiones y apocalipsis

El otro día dejaba entrever que las expectativas a nivel laboral que tenía se han desvanecido, así que toca volver al principio (si es que alguna vez me había movido de ahí) y seguir buscando. Por otro lado, tuve una ciberdiscusión acerca de la homosexualidad con unos cuantos típicos meapilas. No tengo nada en contra de la religión, es más, aprecio a gente que conozco y es creyente pero si algunos usasen las cuentas del rosario de bolas chinas de vez en cuando el mundo sería un lugar un poco más feliz.

¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Que el otro día estábamos un grupo de personas y dos se pusieron a hablar de la crisis que nos espera en 2017 y otro de los datos personales que ponemos en internet, qué pasará si algún día todo da la vuelta y los gays perdemos nuestros derechos y volvemos a estar perseguidos, etc. El caso es que, debido a estos dos asuntos, mi estado de ánimo está un poco susceptible a todo y el bajón y la inquietud que me produjo me ha tenido bajo mínimos unos cuantos días.

Necesito engañarme. Quiero pensar que la especie humana evoluciona a mejor, aunque no tengamos la perspectiva de verlo. Que saldremos de ésta y que aunque se vuelvan a perder batallas que ahora están ganadas no se perderá la guerra. Que a pesar de que me jode darles la razón a los gobernantes de turno, ya hemos dejado de caer y las cosas ya no pueden ir a peor (que no es que estén bien como nos quieren hacer creer).

Por lo menos, la ciberdiscusión me dejó el buen sabor de boca de que ciertas opiniones homófobas no son ampliamente compartidas. Como ya comenté antes, no creo en la censura y están en su derecho de decir lo que piensan. Pero todos tenemos que jugar en la misma liga y es cierto que el hecho de que muchos lleven la contraria es reconfortante. Supongo que la mayor visibilidad de la homosexualidad tiene mucho que ver en esto.

Esto me lleva a pensar en otro colectivo con mucha menos visibilidad: los transexuales. Porque yo no conozco a ninguno y si pienso en los referentes que recuerdo por la televisión me salen Bibiana Fernández (que no es tan malo), La Veneno y Carmen de Mairena (glups). Por eso, hace un tiempo vi este programa y yo mismo me sorprendí de la imagen tan deformada que tenía de ello. Si mucha gente tiene el mismo concepto, no quiero ni pensar en las opiniones que tienen que oír estas personas en su día a día.

Y ya estamos otra vez con las penas, y yo que no quería. Pero esto se ha acabado por hoy. La pseudoalucinación de hoy es combativa (y además reciente, cosa rara en las canciones que pongo). La escuché ayer por primera vez y me ha encantado. Moraleja: si hay que morir que sea matando.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Opinión de mierda - Los Punsetes.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Vivir de ilusiones

En estos momentos en que parece que todo anda a la espera, que cualquier cosa anda en "stand-by" con la lucecita roja encendida como si fuese la tele, la cabeza tiene muchos momentos para pensar. Si además añadimos que de vez en cuando se mueve algo en el tema laboral tenemos el cóctel perfecto para montarse el cuento de la lechera.

Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe de que va dicho cuento. La lechera iba a vender un cántaro al mercado y fue imaginando lo que iba a hacer con el dinero. Fantaseó tanto y se puso tan contenta que acabó rompiendo el cántaro al dar saltos de alegría, quedándose sin leche y dinero.

Cada vez que sale algun posible trabajo, no puedo evitar montarme las mismas historias e imaginarme cómo va a cambiar mi vida. Luego puede ser distinto, como lo ha sido alguna vez, pero últimamente no he tenido ocasión de comprobarlo ya que se han quedado en nada.

¿No debería hacerme ilusiones? Pues igual sí. Por lo menos el tiempo que dura la posibilidad estoy algo más optimista y en el momento que se acaba vuelvo a la rutina. La mayor diferencia con la lechera es que yo no tengo ningún cántaro de leche que romper, no pierdo gran cosa por vivir de ilusiones y me alegra el día.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Alas de algodón - Vainica Doble.

lunes, 2 de marzo de 2015

Una salida

No sé si será el invierno y el tiempo tan lluvioso que tenemos últimamente, acaso esta permanente temporalidad en la que vivo desde el punto de vista laboral y de residencia o quizás que, esto de las relaciones es una cuesta arriba que no he terminado de encumbrar, pero me encuentro en un estado de apatía o cansancio que ha hecho que me refugie y lleve una vida de ermitaño.

Ahora mismo estoy esperando la respuesta de tres posibles trabajos. Llevo dos semanas en permanente incertidumbre y esperando al menos una llamada que no llega. Que no salga nada es preocupante, que surjan tres posibles a la vez y que ninguna sea para mí es desmoralizante, porque hace preguntarme qué estoy haciendo mal y no encuentro respuesta. Porque los meses pasan, y cuanto más tiempo pase alejado del mundo laboral más difícil será retomarlo.

Hace un tiempo hablaba sobre la soledad. Hoy puedo decir que si estoy solo es porque yo quiero. Conocí a alguien, nada serio, y ahora me encuentro con que no soy capaz de encajarlo en mi vida. Me cuesta dar explicaciones en casa de adónde voy y qué hago, pero no quiero mentir. Tengo la idea de cuando encuentre trabajo y me vaya a vivir solo las cosas cambiarán pero... ¿Cuándo será eso?

Tengo a gente a la que pedir opiniones, pero cuanto más escucho más confundido me siento. Ahora se me junta afrontar una salida de armario "por la fuerza" (gajes de vivir en un sitio pequeño), aunque he de confesar que para esto sí estoy preparado y no creo que llegue la sangre al río.

Total que vivo refugiado en mi máster, mis idiomas y mi guitarra. Justo lo que hacía hace unos años y veo una de las causas de haber llegado a esta situación. Ahora mismo, la principal salida que veo es encontrar trabajo. Todo pasa por eso pero no llega y el momento actual me está comendo.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Fragile - Lacuna Coil.

martes, 13 de enero de 2015

Mi pueblo

El próximo sábado bajo a Madrid a pasar unos días. Dado que tenía que bajar de todas formas, voy a aprovechar para visitar a mucha gente que, por la distancia, no veo tan a menudo como quisiera.

Realmente me cuesta ponerle nombre al lugar donde vivo por una serie de razones. No nací aquí y tampoco tengo mucha familia. Tampoco participo mucho en la vida social de la localidad y, seguramente, si mis padres se fuesen a vivir a otro lugar no aparecería mucho por aquí. Pero vivo aquí y nombrarlo de otra manera sería complicado.

La vida me ha llevado por muchos lugares de residencia diferentes. Dentro de la provincia en la que habito, he vivido en otros dos pueblos. Además, he estado en otros cinco países diferentes (con estancias desde un mes hasta nueve) y he vivido ocho años y medio en Madrid.

A este lugar llegué con once años, casi doce. Llegué en un momento complicado para mí en relación a las relaciones humanas y me costó bastante hacer amigos nuevos. Los que tenía vivían en otros sitios y, como no tenía permiso de conducir y el transporte público era malo o inexistente, no podía verlos todo lo que hubiese querido ya que dependía de que alguien me llevase lo cual no era siempre posible.

Total que mi tiempo libre lo pasaba encerrado en mi casa y le fui cogiendo bastante manía a este pueblo. Tenía claro que no me gustaba y que me iría de aquí en cuanto pudiese. Con 18 años me surgió la oportunidad de ir a estudiar a Madrid y no me lo pensé.

Estuve muy agusto los años que pasé allí. Se me abrió un mundo impensable en un pueblo para un chaval de 18 años. Hice nuevas amistades y, a pesar de  todo, podía hacer cosas aunque estuviese solo. Paralelamente, empecé a ver mi pueblo de otra manera. Dado que la autonomía y la independencia no es la misma con 18 años que con 26 los problemas que veía en su día se habían disipado.

En 2006 la burbuja inmobiliaria estaba en su punto álgido y los tiempos de desplazamiento y aglomeraciones de la gran ciudad se me hacían un poco cuesta arriba, así que decidí dejar Madrid y buscar trabajo en otro lugar. Tras tres años dando vueltas por el mundo, me volví a instalar en el mismo pueblo al que llegué hace casi ya 24 años. En principio era temporal, pero la cosa se ha alargado cinco años hasta la fecha.

Debido a que la puta crisis demanda una cierta movilidad, tengo bastante probabilidad de volver a cambiar de localidad de residencia. La diferencia es que tengo 20 años más y otra mentalidad. Ahora tengo más libertad, amigos y una vida que no me gustaría cambiar mucho, sólo complementarla.

Cierto es que es un poco más difícil ser gay en un pueblo, por la dificultad que hay para conocer gente, pero se puede manejar la situación. Cuando tomé la decisión de irme de Madrid aún no había asumido mi verdadera orientación, pero no me arrepiento. No volvería sólo porque allí hay un Chueca y aquí no. Las personas somos un cúmulo de cosas y creo que mi sitio no está en una gran ciudad.

Pseudoalucinación parasiaria de hoy: Un pueblo es - María Ostiz.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

A las penas puñaladas

En la constante y siempre cargante búsqueda de curro, hice una entrevista para ir a trabajar tres años al extranjero. En un principio la primera entrevista fue mal y no creía que me fuesen a llamar pero me equivoqué: la semana siguiente estaba haciendo la segunda. Salí con mejor sabor de boca que en la primera pero la cosa no culminó. De las dos personas que optábamos al puesto cogieron a la otra. Está claro que no me puedo fiar de mis sensaciones.

Alguna cosilla voy moviendo, pero no se concreta nada (de hecho, creo que ha sido la constante durante todo este tiempo de sequía). Para más inri, el fin de la prestación de desempleo está a la vuelta de la esquina. No es tanto el problema del dinero sino el hecho de que el tiempo se pasa volando y me preocupa este gran intervalo desconectado del mundo laboral.

Una buena manera de paliar esto último es dedicarte a hacer cursos y demás zarandajas. Ya cayó el Advanced de inglés (que me costó grandes sesiones de paciencia) y he empezado con el francés y el alemán. Fuera de los idiomas, estoy a la espera de que me llegue el material del máster que me va a tener ocupado un año entero y han caído unos cuantos cursos de corta duración, aparte de la guitarra.

Otra alternativa para sacar el lado positivo de esto es aprovechar la libertad que me da el no tener que fichar de lunes a viernes y dedicarme a viajar. De hecho, tengo planeados tres salidas de aquí a febrero. En enero me voy a Madrid de visiteo, y además podré ver a un buen amigo que vivía lejos y que, por coincidencia de fechas, estará por allí esos días.

Si paro, pienso. Y eso es malo.

Pseudolalucinación parasitaria de hoy: Pasa la vida - Alejandra Guzmán.