lunes, 8 de mayo de 2017

Me gusta dormir

Que no me da la vida...

Que llevo más de un mes sin escribir aquí...

El trabajo...

Que se me averió el coche y tuve que estar dos tardes cambiando el termostato en el garaje...

Que me fui de vacaciones semana y media...

Que la autoescuela, el francés, ayudar a una amiga con el inglés, el ver a los familiares y conocidos, que el terminar el cuarto libro de la serie de Millenium que acumulaba polvo desde hacía semanas en la mesilla, ocuparse de la casa...

Que se me atascó el desagüe, les inundé el piso a los vecinos de abajo y tuve un mes el baño lleno de agujeros, albañiles, fontaneros, peritos, trapos, fregonas, etc.

Que al final necesito dormir de siete a ocho horas diarias y necesito mi tiempo por las mañanas para despertarme, si no mi cuerpo lo nota. Y creo que es eso por lo que el día no me cunde nada. Admiro a esas personas que escriben entradas frecuentemente, ven series, escuchan música y leen a diario. Tiene que ser a costa de no dormir, porque si no, no me lo explico.

Porque no hago nada que no hagan los demás.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Camino de la cama - Siniestro total.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Apariencias y atracciones

Hasta bien entrada la treintena, nunca me he sentido una persona físicamente muy agraciada. No soy alto, estaba muy delgado y tenía que cargar con unas gafas con una graduación muy alta. Todo eso creó un conjunto que me convirtió en objeto de las vejaciones de los muchos graciosos de turno que me fui encontrando a lo largo de mi vida hasta, aproximadamente, los 18 años.

Esto de alguna manera fue marcando mi caracter para mal. Por un lado tomé como normal ese comportamiento y, por otro y debido a que estas situaciones se presentaban en muchos lugares no relacionados entre sí, me fui encerrando cada vez más en mi mismo hasta no tener practicamente amigos en el instituto.

Cuando acabé COU (más mal que bien), me marché a Madrid. Me costó menos de tres meses perder contacto con todos mis compañeros de curso. Solo lo conservé con los que hoy siguen siendo mis dos mejores amigos, que ni iban a mi misma clase ni vivían en el mismo pueblo. A unos cuantos me los he vuelto a cruzar, otros preguntan por mí a mis familiares, pero la conversación no pasa de unos saludos y unas breves frases sin mucha sustancia.

En la universidad todo cambió. Por un lado, la forma de relacionarme con la gente era mucho más natural y cordial. Con el tiempo, fui haciendo amigos que, a pesar de la distancia y el tiempo, todavía me esfuerzo en no perder el contacto.

Sin embargo, se me quedó un cierto poso de todo lo vivido anteriormente: yo no estaba hecho para gustar. De alguna manera, ya di por hecho que, a pesar de algún escarceo con alguna chica, existían altas posibilidades de quedarme vistiendo santos el resto de mi vida. Por eso, hasta darme cuenta de lo que realmente me atraía, mi vida sentimental y sexual fue más bien escasa e incluso nula a finales de la veintena.

Todo fue cambiando pasados los treinta. Cogí algo de peso, me dejé barba y algunos días cambio las gafas por las lentillas. Además, el hecho de asumir que me gustaban los chicos hizo que mis esfuerzos en gustar al que tenía enfrente aumentasen considerablemente.

No me considero especialmente guapo, pero he de reconocer que tengo mi público (la barba recortadita y los ojos grandes hacen milagros). Sin embargo, hoy en día todavía me sorprendo de que alguien le guste yo, de despertar la atracción del otro sin conocerme más allá de unas horas.

Por otro lado, he de reconocer que es triste condenar a la gente al ostracismo por la apariencia. Sin embargo, a pesar de que lo intento, el cuerpo no me pide tener nada con alguien si no me gusta físicamente. De alguna manera tengo la sensación que me estoy fallando a mí mismo, pero no sé disimular.

De todas formas, alguna vez he comentado con alguien que cada persona tiene sus gustos y estoy convencido que para cada roto hay un descosido. Es por eso que no creo que haya que dramatizar por no querer nada con alguien. Al final, gente que no te dice nada y que está felizmente emparejada la hay a patadas, y al que a ti no te gusta al de al lado sí. Solo hay que pensar en elegir lo que realmente nos va, no a nuestros amigos o conocidos. Además, para mí, la atracción se compone en un 50% de físico y un 50% de actitud. Y muchos suplen esa falta de belleza con una actitud envidiable.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Perfect 10 - The Beautiful South.

martes, 24 de enero de 2017

¿Y ahora?

Hace unos meses os hablaba de mis dilemas en los tiempos de una relación. Relación que se ha quedado en una amistad con derecho a roce. Debido a su situación personal (y que yo tampoco lo veía claro) decidimos no dar el paso.

Nos seguimos viendo con regularidad, pero la vida sigue. Y es ahí donde surgen mis dilemas. Está claro que si empiezo con otra persona, nos veríamos menos (porque está claro que no le pondría los cuernos con nadie), pero no dejo de sentirme un poco mal por él si eso sucediera. No está pasando un buen momento en lo personal y lo profesional y siento que necesita que alguien le ayude a desconectar un poco de vez en cuando. Aunque por otro lado, creo que tiene los suficientes recursos como para buscarse la vida (más que yo).

Por otro lado, me he parado a pensar la cantidad de veces que he dejado pasar ligoteos por mi timidez o por mi incapacidad para interpretar el lenguaje no verbal. El otro día me dio por pensar la cantidad de veces que se han interesado por mí y no he correspondido. Por miedo, por centrarme en esta persona, por falta de empatía...

El caso es que, ahora mismo, lo que necesito, más allá de novios o no novios, es echarle morro a la vida y salir a comerme el mundo. Aunque es fácil decirlo, no sé ni cómo lo voy a hacer. Veremos si en el resumen del año de 2017, dentro de 11 meses, puedo dar una valoración positiva a esta declaración de intenciones.

Pseudoalucinación parasiataria de hoy: Si tú me dices Ben, yo digo Affleck - Love of Lesbian.

viernes, 6 de enero de 2017

Lexatin a pozales: llegan los cantautores bajoneros

¿Qué tal se presenta la cuesta de enero? ¿Mal? Aquí llego yo para hacerla más dura ;-)

Hace un tiempo puse en este blog una canción de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán de la que salieron dos conclusiones: la primera, que era un buen sustituto del Lexatin y la segunda, que hubo un par de personas que nombraron la canción homónima de Víctor Manuel. Acto seguido, la busqué en Youtube y me dio la sensación de que era mucho más triste todavía. Esa historia, esas violinadas de Danilo Vaona...


Es por ello que estuve recopilando material triste y de autor y ha dado para mucho, sin contar otras canciones que ya han ido saliendo por aquí. Todos los géneros musicales tienen sus canciones menos alegres pero no sé qué sucede con los cantautores que llevan la tristeza a límites que rozan lo insalubre:


Y es que los cantautores ya empiezan a adoctrinarnos en el bajón desde pequeñitos. De eso se encargó Rosa León, musa de las penas ella, que decidió hacer un disco de canciones infantiles. Seguro que recuerdas la canción "El Señor Don Gato", melodía sencilla y alegre a la que Rosa da una vuelta de tuerca y la transforma en... esto:


Jose Antonio Labordeta también tiene su palmarés. En la canción siguiente canta las penurias a las que se enfrentan los habitantes de un pueblo anegado por un embalse. Transmite muy bien las ganas de suicidarse del protagonista:


No sólo las personas comprometidas crean canciones melancólicas, los más románticos también lo hacen. Una de las canciones más conocidas de José Luis Perales está inspirada en la ruptura de Julio Iglesias e Isabel Preysler y no es mucho más alegre que el resto (también con violinadas de Danilo Vaona):


No os penséis que esto de la tristeza es coto exclusivo de los cantautores patrios. Esta canción de la norteamericana Patty Griffin es todo un ejemplo de ello (aunque las Dixie Chicks le dieron otra vuelta de tuerca más):


En el mundo gay también se han infiltrado. ¿Os acordáis del tema de los créditos finales de la película Weekend? Pues sus recuerdos nostálgicos están aderezados con un videoclip que comienza con un suicidio:


Podría seguir, pero creo que ya ha quedado suficientemente claro mi punto de vista. Lo más triste de todo es que, mientras escribo estas líneas, estoy disfrutando de todas y cada una de las notas de estas canciones. Me voy a excusar en que me voy a tirar los tres días festivos en casa por culpa de la gripe y así poder negar mi problema y no acudir en busca de ayuda profesional.

Pseudoalucinación parasitaria de hoy: Cantautor de Mierda - El Sobrino del Diablo (lo siento, no he encontrado la versión de estudio).